lunes, 12 de enero de 2015

El héroe humano de Eastwood (American Sniper)




Existen tres tipos de personas: las ovejas, los lobos y los perros pastores. Las ovejas son criaturas débiles, siempre vulnerables al ataque de los lobos, que son fieros y actúan con maldad. Equilibran la balanza los perros pastores, lo suficientemente fuertes para protegerse a sí mismos y salvaguardar la paz de las dóciles ovejas. Lo dice un cabeza de familia norteamericano del estado de Texas. Sentados a la mesa escuchan el discurso paterno sus dos hijos, el menor lleva en el rostro las marcas de una pelea reciente, el mayor es Chris Kyle. Ambos niños crecen en el sueño de convertirse en vaqueros y triunfar en los rodeos, el menor siempre a la sombra del mayor. Pero la realidad se impone, y los sueños, bueno, los sueños no suelen tardar en convertirse en anhelos frustrados. La historia nos invita a seguir a Chris Kyle, ahora un fornido Bradley Cooper (El equipo A, 2010; El lado bueno de las cosas, 2012). Ya es un hombre y es un perro pastor, por genética y por convicción. Cuanto tiene que proteger es insuficiente. Ha cambiado sus viejos sueños por otros.

Pero la historia no comienza en Texas. Las calles de cualquier ciudad iraquí son peligrosas ratoneras para los marines que han de patrullarlas. Equipos de tiradores selectos de los Navy SEAL (acrónimo de SEa, Air and Land, una unidad de operaciones especiales de la armada norteamericana) se reparten por las irregulares azoteas protegiendo con sus fusiles de largo alcance a los hombres que se mueven con cautela entre los edificios. Chris ha de tomar una decisión: un niño recibe de manos de su madre una granada para lanzar a las fuerzas invasoras. Lo tiene en su punto de mira, no es un disparo difícil. Cuando se dispone a apretar el disparador la historia da una salto atrás en el tiempo y nos lleva al joven texano atendiendo a las lecciones de su padre mientras apunta a una presa que se mueve a una considerable distancia. El disparo es certero, el niño tiene un don y su padre lo sabe, el don de la precisión en el disparo.

Ya sabemos -aunque no lo podamos explicar- que era una cuestión de tiempo que Chris acabase en las fuerzas armadas del que considera el mejor país del mundo. Lo vemos superar las duras pruebas a que son sometidos los SEAL con la convicción de que algún día será un verdadero perro pastor, algo para lo que lleva preparándose toda la vida. Y surge el amor. Chris se enamora en la barra de un bar, ya es un soldado. Ella es Taya (Sienna Miller, Just like a woman, 2012) y aparenta no querer ni oír hablar de los SEAL o de los militares en general. No tardamos en verlos juntos sin embargo, él es guapo y simpático y tiene algo que lo hace diferente a los demás. Puede ser. También entran en los sueños de Chris Kyle el formar una respetable familia americana. Chris y Taya se casan y el mismo día de la boda Chris recibe la llamada que todo militar espera: será desplegado en Irak.

A partir de aquí retomamos al francotirador Chris Kyle en la azotea con un niño en el punto de mira de su fusil. La introducción ha acabado. Acompañamos al protagonista de una historia real a lo largo de sus misiones en el Irak ocupado y lo acompañamos en cada regreso a casa. Chris y Taya tienen hijos. Ella ha de vivir en soledad y sufrir en soledad las continuas ausencias de su marido, él vive entregado a un ideal que poco a poco va devorando sus entrañas. Alternamos las escenas de acción de Chris entregado al combate con su vida familiar. Ya en tierras lejanas, ya en casa, Chris nunca está. Y Taya lo sabe. Y pasan los años. Y la historia matrimonial de Chris y Taya puede no acabar bien.

A la vez que Chris Kyle se convierte en una leyenda para los suyos, el ángel de la guarda que los protege desde las alturas, la insurgencia iraquí también apuesta por la presencia de un tirador invisible que se mueva por las azoteas como un fantasma felino. Uno y otro tirador se enfrentarán -siempre a distancia- en varias ocasiones. El tirador insurgente de origen sirio crea su propia leyenda al otro lado del muro de los destacamentos norteamericanos. Siembra el terror entre los soldados de a pie. Para Chris es una obsesión, un lobo que viaja con él en cada regreso a casa.

Clint Eastwood nos muestra la post guerra de Irak con una veracidad sin precedentes en la gran pantalla; la historia está reforzada por una completísima documentación, no me cabe la menor duda (detalles como la evolución de la insurgencia iraquí con el paso de los años o la exactitud en los movimientos tácticos de los soldados americanos son buena muestra de ello). Ninguna otra película ha contado este punto negro de nuestra historia reciente con la fidelidad con que lo ha hecho el veterano director de Gran Torino. Para ello ha tomado de nuevo una historia real, la vida de Chris Kyle. Eastwood vuelve a demostrar que maneja como nadie el material sensible de los personajes humanos en las más diversas circunstancias. Sabe que la guerra siempre es un drama, durante años ha estudiado la violencia a través del cine. Pero el drama tiene esa antipática tendencia al exceso. En American Sniper respiramos la agradable contención que nos permite gozar de la emoción continua. Podemos estar de acuerdo o no con lo que ocurrió en Irak, pero nada de eso importa. No se trata de otra bélica americanada, por mucho que el título nos pueda llevar a engaños. El Irak de la ocupación es en todo momento un escenario en el que colocar a un héroe tan humano y tan imperfecto como lo son los héroes reales. No creo que a Bradley Cooper le queden los suficientes años de carrera como para que pueda agradecer del todo la oportunidad de Eastwood y las enseñanzas del maestro, probablemente sea la mejor interpretación de su carrera. Cooper nos muestra a cada momento lo que no se ve a simple vista, la verdadera misión del actor. Las escenas se suceden rítmicas y los personajes principales, Chris y Taya, luchan -siempre al borde de la derrota- su batalla paralela a los combates en las polvorientas calles de Irak. Nos enamoramos de ella y de su agónico sufrimiento y nos compadecemos de él, hijo inevitable de la sociedad que lo vio crecer y que lo hizo tal y como se nos muestra. Chris Kyle es un verdadero creyente, ha ido a luchar por lo que realmente cree que es justo, ejerce de perro pastor y lo hace como nadie, Bradley Cooper nos lo hace creíble. La película es una muestra más de la gran tragedia humana, no es difícil ver en ella mucho del todo a través de la parte. Ya no podemos considerar buenos ni malos a ninguno de los bandos en una guerra. Unos están de un lado y los otros del otro, todos, herramientas -que nunca dejan de ser seres humanos- de algo que está muy por encima y que es casi imposible comprender. Y aunque todo se nos cuenta desde una perspectiva muy concreta Eastwood no se deja llevar por el patriotismo entendido a la americana (por mucho que le pueda pesar a cierto sector de la crítica): la guerra deja heridas imborrables en los hombres, ya sean éstas físicas o psicológicas, y podemos ver estas heridas a lo largo de toda la película -no dudo ni siquiera un poco en la intencionalidad de Eastwood tras ello- poniendo el acento en un final tan trágico como imprevisible. Los personajes están colocados en el contexto y los vemos moverse y hacerlo tal y como pudo ser o fue. No se trata de comprender un conflicto -que quizá no tenga comprensión posible- sino de ahondar en el ser humano actual que se ve en él. Pese a ser la leyenda para los soldados norteamericanos, la fragilidad de Kyle reside en el mismo lugar en el que se encuentran sus habilidades como guerrero, esto es, ni más ni menos, su humanidad.


A mi modesto entender Clint Eastwood sigue sin fallar, una película más. American Sniper es un regalo de principio a fin, un regalo con el añadido de sorpresa. Sin duda, va a ocupar un lugar elevado en su brillante y extensa filmografía.

7 comentarios:

  1. Parece que hayas hecho tú el guión. Qué buena reseña.

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  2. Gracias Ana. Cuando creíamos que Eastwood ya no podía superarse...

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  3. Bueno, Gonzalo, no vamos a destripar el final por aquí, ¿no te parece? Tampoco está demás echarle otro vistazo.

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  4. Me pareció tan superficial y simplista la representación del OTRO, casi una marca del cine gringo bélico. Además, se filmó en Marruecos y eso se nota. La escena de la madre´, el hijo y el obús no es como en el libro, que no incluye al niño. Se nota que se incurrió así en el efectismo.

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  5. "Superficial y simplista la representación del OTRO". Imagino que te refieres al francotirador insurgente. Considero que Eastwood lo maneja en su justa medida en función de sus intereses para con la historia que pretende contar. Le da el protagonismo necesario. ¿Tiene alguna importancia que se filmase en Marruecos? A Ridley Scott no le salió nada mal a la hora de contar la historia de los Ranger en Mogadiscio. ¿Es efectismo el incluir a un niño en la escena de la granada -que no obús-? El cambio de lenguaje, del literario al cinematográfico, permite estas licencias. De hecho, la carrera de Eastwood, y su incuestionable maestría, se lo permiten por una razón bien sencilla: lo hace bien. No, no hay aquí nada de patriotismo barato yanqui. Se muestra a mi juicio bastante bien la cosa militar norteamericana. Por cierto, el cine gringo bélico ha dado al cine grandes películas. Otra cosa es que uno esté más o menos de acuerdo con la forma de proceder de los Estados Unidos en el mundo. Yo, por mi parte, la considero realmente aborrecible. Esto es cine, nada más.

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  6. "Imagino que te refieres al francotirador insurgente. Considero que Eastwood lo maneja en su justa medida en función de sus intereses para con la historia que pretende contar" Y el sr. Eastwood evade así que los de su partido lo tachen de "traidor".¡ Qué cómodo! Encima si es tan frío y objetivo ( así era el soldado en cuestión, dirá) ¿por qué escamoteó buena parte del proceder, de las acciones, del talante moral de ese "sniper"? que se reflejan en el libro y que en la cinta lo hacen más "presentable", como para que la audiencia no salga disparada de la sala. Marruecos como Irak o Somalia no, no tiene nada de malo...si aún quieren ver como ignorantes a todo el público, como un montón de analfabetos en geografía y antropología. Sí, mi amigo, ahí están los somalíes "bien orientados" rezando a La Meca y con el "mismísimo" biotipo del africano del Cuerno de África en la cinta que mencionas. De Scott, otra perla: la desértica(marroquí) Jerusalén de King of Heaven. Si se hubiese esforzado en irse a Jordania como hizo Bigelow para su cinta-tarea sobre Irak (con mucho parecido a ésta) no veríamos tantas disparidades. Y fíjate que sí, es efectista lo del niño y la granada que tú dices. No es solo licencia, es sensacionalismo, porque no es solo un niño y la granada, es la mujer y la granada del original que deviene en la cinta en esa mujer ajena, extraña, cubierta, que hace algo tan inconsciente con el infante que le quita todo gesto humano a su figura. Un ligero cambio a la hora de traducirlo en imágenes, ¿verdad? ¿Cómo se le llama a eso ? ¿Licencia que el cinematógrafo permite? Por último, dije que casi era una marca del cine gringo bélico la representación del otro. ¿Eso desmerece las contadas cintas de este género que merecen ser reconocidas? No creo. Yo, por tanto, me limité a señalar una característica, nada más. Hay excepciones, desde luego, y me sé muy bien las que son paradigma de lo contrario. De verdad, que esto solo es cine ¿o será que no?

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